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ESCANDOL LINGUISTIC INTERNACIONAL

grosske | 02 Agost, 2007 06:41

La Junta de Govern municipal ha convocat un Premi Ciutat de Palma de curtmetratges d'animació al qual es poden presentar curtmetratges produits en qualsevol llengua.

Com molt bé assenyala El Mundo a la seva edició d'avui, això és una escandalosa equiparació del castellà a una llengua estrangera qualsevol i una prova més del radicalisme de la Sra. Calvo arrossegada per la nacional/separatista/frontista Nanda Ramon.

La cosa no acaba aquí. Fonts de El Mundo han pogut saber que el virus serparatista  ha arribat al Festival de Cannes, el qual ja fa anys que està obert a la participació de pel.lícules produïdes en qualsevol llengua, una impresionant bufetada a la noble llengua francesa que és així equiparada al xinés, l'alemany i d'altres llengües estrangeres.

Estarem molt damunt aquesta qüestió

 

Comentaris

  1. Re: ESCANDOL LINGUISTIC INTERNACIONAL

    Això és perque poguem comprovar com de "no-nacionalistes" són aquesta gent. Al meu poble d'això se'n diu nacionalisme espanyol, que és el nacionalisme més perillós i destructiu, amb diferència, que existeix a la nostra terra.

    Joan | 02/08/2007, 10:44
  2. Adeu "Els Verds"

    Ahir a Capdepera la regidora de Medi ambient va fer tallar dos pins centenaris per afavorir un sol home que es queixava que en una de les seves 8 casa, una a la que no hi viu ningú, les arrels del pi li molestaven. No han mostrat les queixes dels veins i ho han fet d'amagat, sense donar explicacions i sense justificacions. Requiem pels dos pins tallats per una "ex-verd".

    antònia | 02/08/2007, 15:36
  3. Són divertidíssims!

    Si no existissin el PP i El Mundo els hauríem d'inventar!

    Realment perillosa, aquesta Nanda. Mira que deixar que s'hi presentin curtmetratges "en qualsevol llengua"! Vigila-la d'aprop!

    Toni | 03/08/2007, 22:26
  4. Agustín, ¡leña al mono mallorquín!

    Agustín, ¡leña al mono mallorquín!
    Carta de bienvenida y apoyo a Agustín Pery, nuevo director de El Mundo / El Día de Baleares, que ha aterrizado en Mallorca con las ideas muy claras y sin complejos. Véase su primer artículo, publicado el domingo 5 de agosto, en la siguiente dirección:
    http://www.elmundo-eldia.com/2007/08/05/opinion/1186264806.html
    Señor Pery,
    Bienvenido a esta tierra poblada de monos con poco pelo que, en vez de hablar en español como las personas, siguen emperrados en reproducir esos sonidos guturales que han venido heredando de sus antepasados durante siglos. Entiendo que se quedara de piedra cuando su hijo le preguntó “en qué idioma hablan en Mallorca”. Aquí, los monos que hablan lo hacen en español, que por algo estamos en España. Pero a menudo la inercia los lleva, sin ni siquiera darse cuenta, a recuperar los sonidos guturales propios de su especie, y así no hay quien se entienda, aparte de constituir un acto de separatismo inaceptable e intolerable.
    Como dice en su artículo, si los políticos de aquí “pensaran en que la lengua es un vehículo de convivencia y no un arma arrojadiza”, los hijos de quienes, como usted, acaban de aterrizar en la isla no tendrían de qué preocuparse: recibirían la enseñanza en español, idioma que no discrimina a nadie, sea persona o mono, y no en los sonidos guturales que solo entiende esa especie animal. Tampoco tendrían de qué preocuparse en el patio, porque aunque los monos se relacionaran entre ellos mediante sonidos guturales, al incorporarse sus hijos al grupo los simios empezarían a hablar de manera automática, gracias a un adiestramiento adecuado que les hiciera ver que las lenguas están para entenderse, sin olvidar que no es de buena educación lanzar sonidos guturales en presencia de humanos. De hecho, tal adiestramiento se ha venido aplicando y a menudo funciona, pero no siempre.
    Efectivamente, las Baleares son una de las autonomías con mayor fracaso escolar, y es cierto eso que le han comentado: “los hijos de muchos españoles llegados de la Península”, que hablan en español como las personas, “son los que engordan esa estadística” de fracaso en los estudios. Es la consecuencia de emperrarse en transmitir conocimientos en la jerga de los monos y no en el idioma de las personas. Cuando España era una unidad de destino en lo universal, la enseñanza en español se extendió a todas las comunidades sin distinción, ya fueran habitadas por personas o pobladas de monos, y con el tiempo se comprobó el acierto y la eficacia de tal decisión: aquí en Mallorca, durante generaciones, los monos llegaban al colegio conociendo únicamente su jerigonza y, no obstante, la inmersión en el idioma español funcionaba con éxito: mal que bien, los monos aprendían a hablar —con una pronunciación ciertamente defectuosa, todo hay que decirlo—, iban pasando de curso e incluso accedían a la universidad y acababan siendo brillantes arquitectos, ingenieros, médicos, abogados… No había fracaso escolar; y si lo había, a nadie se le ocurrió plantear que quizá pudiera ser más beneficioso para los monos recibir las clases en su jerga. ¡Menuda estupidez! Cuando España era Una, Grande y Libre, las personas y los monos éramos tratados como si fuéramos iguales: todos recibíamos la enseñanza en español, sin discriminaciones. Para que luego se quejen los monos catalanes, valencianos, baleares, vascos, gallegos… de que Franco los menospreciaba. Todo lo contrario: los elevaba a la categoría de personas… Aunque visto lo visto después, muchos dudamos de si se merecían un trato tan generoso.
    Porque ahora es el mundo al revés: los monos que gobiernan en sus reservas pretenden que seamos las personas que aterrizamos allí quienes nos adaptemos a su jerigonza en vez de adaptarse ellos a nuestro idioma, como venía ocurriendo hasta hace relativamente poco. Ahora pretenden que nuestros hijos estudien mediante sonidos guturales, despreciando el idioma propio de las personas, el español. Un absurdo y un sinsentido que solo se explica en función de las maniobras secesionistas y separatistas inherentes a las reservas de monos, unos seres que inexplicablemente no quieren ser personas, hablar como las personas y dejar para siempre en el olvido sus típicos gorjeos, sin duda muy entrañables pero inútiles en cualquier sociedad cosmopolita.
    Tomemos ejemplo de Madrid, la capital del cosmopolitismo. Allí nadie es discriminado por su lengua: todo el mundo habla en español y, en consecuencia, es acogido con los brazos abiertos sin distinción de especies. Hasta los monos que aterrizan tienen claro cómo deben comportarse: a ninguno se le pasaría por la cabeza emitir un solo sonido gutural, y mucho menos insinuar la posibilidad de que sus hijos pudieran estudiar en la jerga de su comunidad de origen. Saben que allí deben tragarse su provincianismo y adaptarse a las normas de convivencia establecidas por las personas.
    A ver si aquí, en Mallorca, los monos toman ejemplo y se pasan al cosmopolitismo. Como usted bien dice, lo que pretendemos los humanos es que “de Inca a Mataró no se levanten fortines idiomáticos, bastiones erigidos en nombre de la normalización lingüística”. Las personas normales —e incluso los monos que aspiran a serlo— entienden que esa normalidad “viaja en taxi o en autobús, busca entenderse y hasta comprenderse, y no tuerce el gesto ante el foraster”. Hablando en plata: lo normal es que los monos hagan el esfuerzo de entenderse en español, que para eso se les obliga a aprenderlo, en vez de torcer el gesto hacia el foraster lanzando sonidos guturales incomprensibles. Si esto último sucediera, lo normal es que la persona responda del mismo modo, torciendo el gesto hacia el mono, que se lo tendrá bien merecido por provinciano, por maleducado, por secesionista y por antiespañol. Si quiere seguir siendo mono, como tal merece ser tratado.
    Está claro que “el idioma debe sumar y no restar”: hablar en español significa sumar, lanzar sonidos guturales significa restar. Sumemos todos, personas y monos, hablando en español. Lástima que algunos monos den la espalda a la sensatez con la excusa de la “supuesta persecución” de su jerigonza, buscando “producir réditos políticos a corto plazo” y olvidando que “las consecuencias a la larga son desastrosas para la sociedad”, más que nada porque las personas nos quedamos sin entender a los monos y así no hay quien viva.
    Sin duda, “a la guerra también se puede llegar por el idioma”. Y no somos las personas quienes alentamos esa guerra al exigir a los monos expresarse en español como nosotros. Son ellos, los monos, quienes nos provocan con sus sonidos guturales incomprensibles y rechazando el idioma que les regalamos, con la excusa de que su jerga se perderá si dejan de usarla. ¿Y qué, si se pierde? ¿Para qué les ha servido durante tanto tiempo? Deberían tener claro que estamos en España, y que esta realidad confiere derechos a las personas y obligaciones a los monos. Las personas tenemos derecho a desplazarnos por todo el territorio nacional —incluidas las reservas de monos— usando nuestro idioma español, y no tenemos ningunas obligación ni necesidad de entender jerigonza alguna, ¡faltaría más! En consecuencia, son los monos quienes tienen la obligación de aprender el idioma de las personas, el español, para entenderse con nosotros. Esto lo entiende cualquier mono amaestrado. Por desgracia, todavía pervive un reducto en estado salvaje: son los separatistas, que se resisten a ser amaestrados y pretenden elevar su jerigonza a la categoría de idioma de uso común… ¡incluso con las personas! ¡Insensatos!
    Es evidente que “los otros vecinos de Mallorca, los que hablan en inglés o en alemán”, andan extrañados e incluso perplejos, puesto que “poco o nada quieren saber de las cuitas lingüísticas de los aborígenes” (es decir, de los monos aborígenes). Lo triste es que muchos de esos extranjeros residentes en Mallorca ni siquiera hablan español, y al entrar en sus negocios quienes nos sentimos extranjeros somos los españoles, rodeados de rótulos solo en inglés o en alemán. ¡Una vergüenza y un oprobio! Hete aquí el problema verdaderamente grave que exige medidas urgentes, y no la preservación de la jerga de los monos, que solo sirve para “inocular el virus del separatismo por la vía de la palabra”.
    Le perdono el cumplido del penúltimo párrafo referido a sus hijos: “Nada me haría más ilusión que Guzmán y Bosco aprendieran mallorquín. Seguro que lo harán”. Menos mal que a continuación lo arregla advirtiendo que “no les cuenten historias de miedo ni politicen un lugar sagrado, las aulas”. Seamos sinceros: sus hijos aprenderán la jerigonza de los monos por imperativo legal, no porque a usted ni a mí nos haga ni pizca de gracia. ¡Menuda manera de perder el tiempo!
    Acabo respondiendo a su pregunta final: “Ahora que estamos solos, entre nosotros, ¿de verdad cree alguno de ustedes, como Grosske, que el mallorquín es un idioma en peligro de extinción?”. Pues mire, señor Pery, como estamos solos puedo decirle la verdad: los monos que han estudiado a fondo la cuestión —mucho más a fondo que Grosske, usted o yo— aseguran que sí, que su jerga está en peligro de extinción, y aportan datos fehacientes que lo corroboran. Sin embargo, ¿a nosotros qué nos importa? Lo que debemos hacer usted y yo, cuando hablemos en público, es negar siempre la mayor con el fin de quitar hierro al asunto y no asustar a los monos. Es una receta infalible, y usted mismo la aplica muy acertadamente al concluir su artículo con una frase en jerigonza: “Va, vinga, una mica de seny”. ¡Bien dicho! Así, poco a poco, mañosamente, conseguiremos que los monos, sin darse cuenta, vayan sustituyendo su jerga por el idioma de las personas, y eso resolverá el conflicto para siempre. Al adaptarse ellos a nosotros, ya no necesitaremos adaptarnos a ellos. Al fin, las personas dejaremos de sufrir la humillación de vernos obligados a convivir con una jerigonza de monos, algo inaudito en toda nación que se precie.
    Que así sea. Un saludo.
    Fulgencio Prado

    Fulgencio Prado | 08/08/2007, 11:32
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