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PERE FIOL, UN CURA CONTRA LOS MENORES ABUSADOS

grosske | 25 Març, 2013 20:45

Los abusos sexuales sobre menores son extraordinariamente frecuentes. Algunos estudios hablan de un 20% de menores que, aunque sea de forma leve y ocasional, han sido objeto de abusos. Pero la inmensa mayoría de estos abusos jamás son denunciados. La violencia contra los menores y la violencia contra los mayores son los grandes agujeros negros de nuestra sociedad, aún más negros y más difíciles de iluminar que la violencia de género.

La mayoría de los menores no denuncia inmediatamente por dos razones muy simples :su situación de evidente inferioridad respecto al adulto y el hecho de que la presión psicológica del abusador consiga, en muchos casos, que aniden en su víctima  sentimientos de culpa. Rota, desestabilizada, culpabilizada, la víctima tarda años en recuperarse (si lo hace alguna vez) y el paso del tiempo, el miedo a no ser creída, hace que ni siquiera en la edad adulta, encuentre suficiente ánimo para denunciar. Lo de los mayores - permitidme que hable de ellos - es aún más siniestro : salvo casos de maltrato colectivo en residencias, el maltrato a la persona mayor dependiente (mantenida en el domicilio con el único objetivo de apoderarse de su pensión), el maltrato que sucede entre las cuatro paredes de su habitación, es un secreto que la víctima, irremisiblemente, se llevará a la tumba.

En este contexto, que invita al apoyo a las víctimas, al recogimiento y a la prudencia, el nuevo párroco de Can Picafort, Pere Fiol, ha optado por echarse al ruedo con un discurso escalofriante: insinúa que las ahora mujeres que han acusado a su antecesor han tardado en denunciar porque "estamos en crisis, quizás ha habido dinero por enmedio" y las acusa implícitamente de ser ellas las que sedujeron al pobre cura ya que "por lo que me han dicho, estas chicas no son personas cohibidas, porque creo que es gente de mundo, quiero decir, que por lo que ya sé ya han tenido unas cuantas parejas". Traduciendo del lenguaje viscoso y repugnante de Pere Fiol al lenguaje normal : que las denunciantes son unas putillas que van a por la pasta. Es decir, lo peor de lo peor, lo que las víctimas más temen, lo que a tantísimas víctimas les impide denunciar : el temor a ser ellas las acusadas y, de nuevo, las maltratadas.

EU, en un gesto sin precedentes, ha pedido el cese de Pere Fiol como párroco de Can Picafort. Espero que la Iglesia atienda esta petición no tanto porque provenga de EU (cosa que, seguramente, más bien la desmotivará) sino porque comprenda que su combate contra la pederastia no va a ser creíble si excluye a quienes le dan coartada y atacan a sus víctimas

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