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OCHO OBJETIVOS PARA LA REFUNDACION DE IU

grosske | 24 Desembre, 2015 12:00

Las pasadas elecciones generales han tenido muchas consecuencias y algunas de ellas claramente positivas. Pero también han comportado dos elementos   muy negativos, especialmente si tenemos en cuenta "la que ha caído" en los últimos años: el PP sigue siendo el partido más votado en España y el PSOE sigue siendo el  partido más votado en el seno de la izquierda. En términos de voto, el balance izquierda/derecha está, como todo el mundo sabe, en empate técnico... con todo lo que ha caído, insisto.

Si extendemos nuestra mirada al resto de Europa, el panorama,  desgraciadamente, no es más halagüeño. Sin posibilidad de extenderme sobre ello, creo que examinar  la situación de Grecia (en la que habíamos depositado tantas esperanzas), la del Norte y Centro de Europa, pasando por la de Francia o Italia, no supone sino sumar preocupación a preocupación.

Dicho en otras palabras: aquellos que pretendemos hacer frente al modelo neoliberal capitalista y avanzar hacia  otro modelo de sociedad - lo cual va mucho más allá de encontrar  un hueco electoral digno - estamos perdiendo la batalla.  Por eso, una reflexión seria y global a este respecto parece inaplazable.

Sin necesidad de esperar a la culminación de este debate pero sí como un hito importante en este debate, hay algo que, en mi opinión, IU debe abordar  de forma inmediata: su propia refundación

No es ninguna propuesta extraordinaria: es un acuerdo de la  penúltima Asamblea Federal de IU que nunca se ejecutó por la sencilla razón de que nos tembló el pulso (como tantas veces) a la hora de aplicarla.

Refundar un partido no es un salto en el vacío, no es poner fin a algo sin más para crear otra cosa cualquiera: es utilizar una herramienta formal (el encadenamiento del final de un trayecto con la aparición de un nuevo sujeto político) con un objetivo político predeterminado.

Si propongo la refundación de IU no es  para contar con  una nueva fuerza política cuya única diferencia respecto a la actual organización sea  una mejora en el funcionamiento, una modernización o, mucho menos, un cambio de imagen o fachada. En sentido contrario, y aún con mayor énfasis,  tampoco es para dar a luz a una nueva fuerza que se sitúe en otro espacio político o que reniegue de los valores y grandes objetivos estratégicos que han caracterizado desde siempre a Izquierda Unida.

¿Cuál es, pues, el objetivo político de la refundación? Pues  algo muy fácil de explicar: constituir una nuevo sujeto político que sea lo que IU siempre dijo querer ser sin llegar jamás a conseguirlo de manera satisfactoria.

Izquierda Unida nació en 1986 como un espacio de convergencia entre diversas culturas y organizaciones de la izquierda en torno a un programa común, una fuerza que se autodefiía como un movimiento político y social y que aspiraba a  un funcionamiento abierto al entorno social a través de la elaboración colectiva. ¿No os suena terriblemente parecido a los objetivos que nos seguimos planteando - ¡29 años después! - cuando  hablamos de convergencia política y social o de unidad popular? Y si esto es así, ¿no es también la mejor demostración de que jamás hemos llegado a conseguir  lo que desde un principio nos habíamos planteado?

Explicar con detalle por qué IU ha sido y es  un magnífico proyecto sólo muy parcialmente culminado, daría para escribir un libro. Así que me limitaré a apuntar dos elementos:

1) IU nace jurídicamente como una coalición electoral muy  asimétrica en cuanto al peso de sus integrantes y que intenta conjurar las tensiones internas sobre la base del consenso, palabra clave de aquella primera etapa. La intención es buena pero, inevitablemente, la dinámica de  negociaciones por arriba entre las partes para favorecer este consenso lastran inevitablemente un funcionamiento fresco, abierto y que vaya de abajo a arriba.

2) A partir de su III Asamblea, IU da un paso de gigante para resolver este problema: constituirse en un partido plural, diverso, que admite corrientes y partidos en su interior, pero que funciona de manera asamblearia sobre el principio de una persona/un voto.

El cambio es claramente positivo pero resulta insuficiente para conjurar una dinámica negativa que se va consolidando con el paso del tiempo: el nuevo partido asambleario va asumiendo inexorablemente los vicios de un partido convencional. El impulso de abajo arriba se va diluyendo en escalones intermedios y aparece lo que aparece tendencialmente en cualquier organización si no se dota de herramientas potentes para evitarlo: cúpulas dirigentes,  baronías territoriales y negociación por arriba entre grupos organizados; la elaboración colectiva cede el paso en la práctica  a métodos tradicionales en la elaboración de los programas y el programa como eje vertebrador de la organización y de la acción política pierde peso frente a las actitudes doctrinarias.

A partir de ahí, planteo la refundación como la manera más fácil, más creíble y más eficaz de contar a corto plazo con una fuerza política que reuna las siguientes características:

a) Tener como objetivo estratégico el mismo que IU ha tenido desde su fundación:  la construcción de una sociedad socialista  donde la economía esté al servicio del interés y el bienestar general; una sociedad democrática, igualitaria, fraterna, pacífica y en armonía con el medio natural

b)  Ser un receptáculo cómodo y plural para las diversas culturas y organizaciones  de la izquierda que se identifican con este objetivo pero romper radicalmente con la dinámica de negociaciones entre partes para la toma de decisiones en base a lo que se expresa más adelante (apartado e)

c) Ser una organización abierta a la sociedad especialmente en lo que se refiere a la elaboración colectiva del programa.

d) Articular la acción política e institucional y fundar  la cohesión interna en torno al programa, vínculo máximo  y compromiso máximo con la sociedad

e) Desarrollar un funcionamiento radical de democracia directa, donde los órganos estables sean básicamente de coordinación y donde cada adheridx pueda participar directamente en las decisiones políticamente más relevantes. Referéndums y consultas a todos los niveles  no han de ser una excepción: han de ser una herramienta habitual de funcionamiento

f) Dar la máxima importancia a la acción política extrainstitucional, pegada al terreno y a la incidencia en el conflicto y los movimientos sociales

g) Consecuentemente con lo anterior, constituir una organización fuerte donde cada miembro aporte en la medida de sus posibilidades y, paralelamente, sienta que cuenta, como individuo, en las decisiones colectivas

h) Aplicar correctamente el principio federal como articulación de soberanías, definiendo claramente los ámbitos de soberanía compartida y actuando en consecuencia.

Hacer realidad estos ocho puntos es, lógicamente, el objetivo esencial de mi propuesta. La refundación es,  sencillamente, el método más fácil, más contundente, más rentable más  y creible para hacerlos realidad

EL HONOR DEL OBISPO Y EL PERIODISMO BASURA

grosske | 14 Desembre, 2015 21:52

¿Ha tenido el Obispo de Mallorca una relación "impropia" con una de sus colaboradoras?. Pues no tengo ni idea. Es decir, me pasa lo mismo que a todos los que estáis leyendo este escrito, lo mismo que a todos los redactores del Diario de Mallorca que han dedicado portadas, y decenas de páginas a este tema y  lo mismo que a  todos los "opinadores", locutores y gente de a pie que se ha sentido en la necesidad de pronunciarse sobre el fondo de semejante  cuestión.

¿Cómo puede ser que tanta gente hable de este tema y, sin que exista prueba alguna, llegue a la conclusión de que la relación "impropia" ha existido?. Pues porque algunos medios de comunicación, y uno muy especialmente, han decidido prescindir de cualquier consideración ética y  explotar el tema con un objetivo de mucho peso : vender más periódicos.

¿Miente el DM al tratar del tema?.  Básicamente no, porque  (atentos, que ésta es la parte más sutil e interesante de la cuestión) no lo necesita. La sabiduría popular tiene perfectamente claro el principio por el cual esto es posible: "No hay peor mentira que una verdad a medias".  Trasladando este aserto a la  manipulación informativa, significa que un conjunto de indicios relativos a un tema morboso (una mezcla de religión, amoríos y política es perfecta, en este sentido), debidamente contextualizados y valorados, puede tomar, para el lector no avisado, la apariencia de una prueba irrefutable.

¿Que el daño a las personas concernidas, a sus familiares y amigos es desproporcionado e  irreparable? - Bueno, son 'daños colaterales' inevitables", se me contestará.

¿Que este daño irreparable ha sido, además, doblemente  injusto porque nada se ha podido demostrar?, Que al final todo puede quedar en el despecho de un marido posesivo? _ Oiga!, se me responderá con indignación, que nosotros nos limitamos a informar!"... pero será mentira, porque aquí muchos  no se han limitado a informar: muchos han provocado una sentencia sin pruebas que ha conllevado  la destrucción de la imagen y el honor de las personas afectadas.

Yo soy ateo (aunque me defina como agnóstico por un tecnicismo filosófico que no viene al caso) pero creo en la dignidad de las personas, en el derecho a la propia imagen y en que la carga de la prueba corresponde al acusador y no al acusado… sea éste Obispo, político, periodista o un ciudadano absolutamente anónimo

EL YIHADISMO Y MI PRIMA

grosske | 01 Desembre, 2015 19:42

Una prima mía ha tenido pesadillas en las  que sus nietos, que viven en el extranjero, son víctimas de un atentado. Está asustada y, como le pasa a  las personas asustadas, todo bombardeo le parece poco. Intenté explicarle que esto no era la solución pero sin demasiado éxito. Convinimos en que escribiría algo sobre este tema y en éstas estoy

Quince días después de los atentados de Paris,  vi. un noticiario de France2  que dura exactamente 30 minutos y que excluye, todo hay que decirlo, los deportes y el tiempo. Los temas tratados fueron los siguientes: terrorismo (20 minutos), las peripecias judiciales de Benzema y un concierto que Adele va a dar en París  (6 minutos) y, para acabar , vuelta al homenaje en los "Invalides" a las víctimas de los atentados...Pensé que lo raro era no estar asustado.

Por otra parte, es  un hecho objetivo  que, provocándole pesadillas a mi prima, todo el mundo gana: ganan los terroristas al convertirse en el centro de la política mundial; gana la prensa al ver como su audiencia se dispara; ganan popularidad  los gobiernos al liderar el "obligado" consenso  frente a la amenaza exterior; ganan las opciones conservadoras; ganan los fabricantes de armas; pierden las libertades públicas; pierden terreno  las preocupaciones sociales y pierden las opciones pacifistas que, de pronto, parecen cosa de sonados irresponsables cuando no de personas poco sensibles ante los atentados terroristas.

 Está claro que  la inmensa mayoría  sentimos indignación y náuseas ante el asesinato indiscriminado de personas inocentes,  los degollamientos públicos con fines propagandísticos, el totalitarismo religioso y  la destrucción del patrimonio histórico y artístico. Muchos tenemos la convicción, en suma,  de que los yihadistas encarnan una buena parte de  lo peor de la humanidad.  Por eso, es fácil llegar a la conclusión de  que bombardear y acabar cuanto antes con estos desalmados es lo mejor que se puede hacer.

Y sin embargo, como diría Galileo, y sin embargo... estar viendo durante 14 años que esta política es un absoluto fracaso debería hacernos reflexionar.

Desde los atentados del 11 de septiembre del 2001, por no irnos más atrás, los países de la OTAN hemos bombardeado e invadido Afganistán colocando un gobierno de  confianza  que, sin embargo, sólo ha conseguido  controlar una pequeña parte del país;  hemos bombardeado e invadido Irak colocando un gobierno de  confianza que tampoco controla la mayoría del territorio y que no es capaz de impedir que  Bagdag conozca  atentados como el de Paris varias veces al mes; hemos bombardeado y destruido el Estado libio sin conseguir siquiera  la constitución de un gobierno digno de tal nombre y  sumiendo a la  ciudadanía de este país en el caos y la indefensión;  hemos alentado una guerra civil en Siria cuya duración pronto duplicará la de la guerra civil española y que aún no tiene visos de acabar… ¿Cuál ha sido el resultado de tal política catorce  años después?: generar una catástrofe humanitaria indescriptible,  provocar la huida de millones de refugiados,  reforzar al yihadismo radical y colocarnos en una situación  igual o peor que la anterior en términos de seguridad interior.

Para que los responsables de este fracaso estrepitoso  consigan  mantener la misma política sin tener demasiada oposición interna sólo tienen dos maneras: hacernos vivir de espaldas a la realidad de lo que allí sucede (lo más cómodo y lo más frecuente)  o, cuando esto es imposible,  sacar del cajón el discurso de que estamos en una guerra, explotar nuestro miedo (la emoción más poderosa) y conseguir así el mágico efecto que ya denunció en 1914 el político norteamericano Hiram Warren Johnson: "cuando una guerra estalla, la primera víctima es siempre la verdad".

El pacifismo no  significa reaccionar con una pasividad beata  frente a las agresiones de que seamos objeto o frente a las agresiones que padezcan terceros : tenemos derecho a defendernos y tenemos el derecho, y el deber, de  defender a quien es agredido injustamente. Pero en esta última palabra, “injustamente” está la clave de todo. 

Decía Ramón Llull que “Justitia procurat pacem” y  a los países occidentales, cuando intervenimos en Oriente Medio o en el norte de Africa, no nos mueve la justicia: nos mueve lo mismo que nos ha movido desde la época colonial : el control de la zona y el provecho económico que  este control nos reporta.

Por eso financiamos y vendimos armas a los talibanes de Afganistan  cuando se enfrentaban con los rusos; por eso vendimos armas a Sadam Hussein cuando estaba en guerra con Jomeini; por eso apoyamos dictaduras como la del Sha de Persia y seguimos apoyando dictaduras como las de Arabia Saudí; por eso creamos en Palestina un Estado como el de  Israel  que nos sirviera de cabeza de puente en la zona y por eso no hacemos nada serio para evitar que el pueblo Palestino sea  sometido  cotidianamente a la miseria y la represión.

Resumiendo mucho, nosotros no buscamos la justicia, buscamos  el  control, aunque sea parcial, de los recursos petrolíferos, y, mientras esto sea tan evidente,  mientras  no cambiemos nuestra política en Oriente Medio y el Norte de Africa, ningún bombardeo o invasión impedirá  el auge del yihadismo no sólo en  los países afectados sino también entre miles de  jóvenes nacidos y educados en Francia,  Bélgica, Gran Bretaña  o España.

Pero ésta es la realidad que,  por razones obvias, no están dispuestos a dejarnos ver

¿Qué hacer entonces? Pues resumiendo: 

1.- Comprender que el Daesh como Estado es vencible militarmente (incluso con facilidad) pero que el terrorismo yihadista es invencible mientras se siga practicando la misma política

2.- Renunciar a invadir y/o destruir Estados como sistema rápido de influir en la zona 

3.- Por supuesto, perseguir policialmente, judicialmente  y con el auxiliode los servicios de inteligencia al terrorismo yihadista existente en nuestros respectivos países

4.- Cortar la financiación y el aprovisionamiento de armasdel terrorismo yihadista , propiciado , indirectamente, por algunos países que, por otros motivos, consideramos nuestros aliados

5.- Promover la constitución de un Estado palestino  donde la gente viva con decencia y con derechos

6.- Establecer una alianza sólida con los movimientos y países democráticos de la zona

7.- Promover el desarrollo y no la destrucción 

Nada de todo esto tendrá un efecto mágico e inmediato pero sí que conseguirá que dejemos de empeorar las cosas y nos situemos en la senda de la paz 

 

 
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